Cien días de nueva oficina judicial en Murcia
08.04.11 - 01:11 -
Ayer se cumplieron cien días hábiles de la puesta en marcha en Murcia del mayor proceso de transformación que ha conocido la Justicia española. Como sabemos, todo empezó el pasado 10 de noviembre de 2010, junto a la ciudad Burgos que también es pionera en un complejo proyecto de reforma de la Administración de Justicia, denominado ’Nueva Oficina Judicial’.
Aunque, ya lo dice el dicho popular, los comienzos son difíciles, este proyecto arrancó tiempo atrás con el aval de ser fruto del mayor acuerdo de política judicial de nuestra democracia, contó desde su inicio con la aquiescencia de los partidos políticos más representativos, del Consejo General del Poder Judicial, las Comunidades Autónomas con competencias en materia de Justicia, y distintos colectivos profesionales.
Es, por tanto, producto de una enorme base institucional y conlleva la renovación del funcionamiento y estructura de la Administración de Justicia, pasando de una organización decimonónica estructurada en pequeños Juzgados, autárquicos, y no relacionados entre sí, a un sistema de trabajo coordinado, más eficiente y racional, y sobre todo, orientado al entendimiento de que la Justicia va dirigida al ciudadano, a resolver sus conflictos. En esta concepción de la misma como un servicio público, que además ha de ser rápido, ágil y eficaz, descansa la nueva estructura de la Administración de Justicia. Es fácil entender que no es posible un cambio de tamaña envergadura y complejidad como el que estamos viviendo en la Justicia española sin procesos lógicos de tensión, adaptación y asimilación del nuevo modelo.
Más allá de los complejos detalles técnicos y organizativos, el nuevo modelo tiene dos ejes sobre los que pivota: de una parte el lógico carácter instrumental que ostenta para el ejercicio de la función jurisdiccional que compete constitucionalmente a jueces y magistrados y, de otra parte, el ciudadano, centro final de esta reforma. Como dice el interesante informe de la ’Declaración Transforma España’, recientemente presentado a Su Majestad el Rey por la Fundación Everis, todos los organismos públicos y privados debemos hacer un enorme esfuerzo para reorientar nuestras políticas y estrategias hacía el principal destinatario que no es sino el ciudadano, beneficiario y, no pocas veces, sufridor de nuestro sistema.
Vivimos tiempos de crisis, no sólo económica, sino también de modelo de justicia, y como en toda crisis hallamos un componente de riesgo, junto a otro de oportunidad, una oportunidad de transformar un modelo caduco anclado el siglo XIX, concebido para una sociedad eminentemente rural, por otro compatible con la actual sociedad del conocimiento, en la que apliquemos también en la Administración de Justicia unos modelos organizativos modernos, concentrados, de economías de escala y alcance, que permitan llegar a resultados más eficaces. Pero es preciso pasar de las recetas a los hechos. Y en ese empeño estamos en el Tribunal Superior de Justicia.
Son muchas las valoraciones que en este corto espacio de tiempo se han realizado desde distintos sectores, aunque quizás las mas evidentes serán las que en breve arrojarán los estadísticas en las que ya empezamos a constatar el evidente esfuerzo que los distintos servicios del nuevo modelo están desplegando, distanciándose de forma favorable en distintos indicadores respecto a periodos equivalentes del pasado año. Son cifras, cuando menos, esperanzadoras que personalmente me hacen recordar el llamativo título de la nueva historia de España de Carmen Iglesias: No siempre lo peor es cierto.
Es largo y espinoso el camino que hay por delante, pero siempre supondrá avance cuando detrás de esta implantación hay tanto esfuerzo, integridad y pundonor por parte de funcionarios, secretarios judiciales y jueces. Todos los agentes que intervienen en la misma, contribuyen en mayor o menor medida a su desarrollo, hemos asumido el liderazgo de aquellas áreas que nos competen con profesionalidad, y también con ilusión. Es cierto que no por ello, debemos también dejar de reclamar de las Administraciones competentes la dotación de esta nueva Administración de Justicia con los medios materiales y humanos necesarios para que el objetivo perseguido pueda ser finalmente cumplido, especialmente en materia de medios tecnológicos, en los que carencia de instrumentos eficaces hace titánica la labor diaria del trabajo de nuestras oficinas judiciales.
Un buen amigo al que sigo queriendo suele decir que los pesimistas también se equivocan y, además, viven mucho peor. Esto me lleva a la convicción que estos cien días no son sino un primer paso, y como recuerda un viejo adagio chino un viaje de mil millas comienza siempre con un solo paso.
La Justicia va más rápida y hay menos asuntos pendientes
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